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Berättelse

Luigi Bosetti

Podríadecirles que casi muero en Birmania, y así darle interés, no solo a mi relato, sino a mí mismo. Y sin embargo esto sucedió en Madrid, donde casi muero a causa de una intoxicación. Así de vulgar ha sido siempre mi vida.

Comenzaré desde el principio, mi nombre es Leopoldo y siempre he querido ser escritor. Sin embargo, nunca he querido publicar ni un solo relato, ni un solo libro, ni una sola línea en ningún lado, ni siquiera en alguna newsletter o en alguna página web. De hecho, esta es la primera vez que me aventuro a hacer algo así y pronto les diré por qué he decidido finalmente hacerlo y cuál es mi verdadera intención.

Para que quede claro, no quiero alardear frente a mis amigos y mucho menos presumirle a mis familiares, diciéndoles «miren, he publicado un relato», nada me importaría menos que eso.

Mi intención es simple, y ha sido algo que he querido desde hace muchísimo tiempo. Una intención que se ha convertido en mi única razón de escribir. Lo primero que necesito es que me publiquen un libro y que se traduzca al sueco. Ese sería el primer y sencillo paso; no quiero, ni me haría falta, publicar muchos libros, ni siquiera quiero ganar premios ni dinero por lo que escribo, pues la verdad es que no me hace falta. Y aunque siempre ha sido difícil definir exactamente a qué me dedico, jamás me he visto en la capacidad de decir que soy escritor, y no creo que algún día lo haga, pues para ello tendría que tener otras intenciones, ser más ambicioso y tener un sentido crítico y concreto de mi obra como escritor. Pero, como ya les dije, mi intención es muy concreta, solo me basta primero con publicar un libro y que me traduzcan al sueco.

Como podrán imaginar, alguna vez pensé en estudiar sueco e intentar escribirlo directamente en ese idioma para así saltarme un paso, no solo de suma dificultad, sino también de laboriosa y tediosa molestia, de seguro para alguien más. Porque se me olvidó decirles que por ningún motivo pretendo que mi libro sea bueno. Si lo es, bien por mí, no me molestaría en absoluto, pero esa no es mi intención ni lo que pretendo hacer. Solo quiero publicarlo para que luego esa atrevida editorial encuentre la manera en que se traduzca en sueco.

Sé que en Suecia se suelen escribir muy buenas novelas negras, pues si algo he hecho bien, ha sido siempre leer algunas de las novelas suecas que se han traducido al español, lo que no quiere decir que sea, ni mucho menos, un gran lector, pues más bien he leído muy poco a lo largo de mi vida. Mi idea es escribir una novela negra en la que un personaje mate a otro, y este haga creer a los demás que el muerto ha sido él mismo y que el asesino ha sido, precisamente, la persona a la que ha matado realmente. A mí me parece una idea genial que no he leído en más ningún otro lado y que me atrevo a contar por primera vez, en este relato. Así verán con qué seriedad e importancia me tomo esto que estoy escribiendo.

También he tenido la idea, como podrán pensar, de autopublicarme y así acortar un paso para después buscar a un traductor al sueco. Pero esto, además de mucho trabajo y mucho dinero, no tendría ningún tipo de valor para lo que pretendo y tampoco estaría ni cerca de lograr lo que realmente deseo.

La razón, entonces, del por qué quiero que me publiquen un libro y lo traduzcan al sueco, mi anhelo desde hace mucho tiempo, es que mi libro se pueda ver por todos los Ikea del mundo, o al menos en aquellos de España. Es eso lo que quiero, que mis libros estén expuestos en las exhibiciones de los muebles de Ikea, en las salas de muestra, en las habitaciones, en las casa modelos por las que uno se pierde y encuentra siempre a alguien extraño, penoso y patético, sentado o acostado en un sofá o una cama, como probando o imaginando cómo sería tenerla en casa. Todos con el inexistente buen gusto de ser originales, como la literatura de hoy en día, donde todo se copia, donde todos toman algo prestado de alguien más y lo hacen pasar como algo inédito. Allí quiero que esté mi libro para que las familias, entre peleas, estrés y los niños gritando y saltando, puedan verlo en las salas ficticias que jamás van a tener, porque todo lo que está en Ikea solo se ve así en la tienda. Es como cuando una editorial presenta un libro que suena tan bien, tan perfecto y tan interesante, elogiado por todos los presentes, incluyendo otros escritores, y que termina siendo, como los muebles de Ikea, una simple mamarrachada de aburrida labor. Muchos tienen libros para decorar o aparentar, yo por eso me inclino hacia el extremo y así poder convertirme en el más grande de los Eróstratos. No deseo prender en fuego toda la literatura, ni destruirla de un modo burdo y tópico, deseo hacerlo de una forma en que mi crimen más perfecto sea el engaño de escribir y de querer aparentar que me mantengo en el sueño de una perfecta vida sueca, inalcanzable para los demás, ficticio como la literatura y al mismo tiempo que nadie me pueda leer, de ser inalcanzable, el escritor más no leído de la literatura actual, mi venganza ante el mundo del libro tan superficial y deprimente en estos tiempos.

Quiero que las personas puedan ver, y solo ver, en las estanterías, en los escritorios o en las mesitas de noche de exposición, mi libro traducido al sueco. Porque no sé si lo han notado, pero los libros que tienen en exhibición en Ikea están todos en sueco, como queriendo vender también la sensación de que al comprar un mueble de Ikea, no solo vivirás como un sueco, sino que también podrás leer en sueco, y por ende hablar ese idioma tan ajeno al nuestro.

Pero para que esto pueda pasar, necesito antes publicar al menos un cuento en alguna revista o hacerlo visible de alguna forma para que puedan valorar mi libro para su publicación. O al menos eso me dijo un amigo escritor que conoce a alguien que tiene una editorial. Según él, si no he publicado nada a mi edad, iba a ser difícil que me quisieran publicar una novela. Así que, según ellos, al menos debo intentar publicar un relato, pues no van a malgastar su tiempo leyendo la novela de un desconocido. Esto último lo agrego yo, pero estoy seguro de que si no se lo dijeron, es lo que piensan, y lo entiendo, pues yo pensaría lo mismo.

Entonces, como ya concluirán, escribo este relato por esa única razón, para poder lograr la publicación de mi novela, y que después esta se pueda publicar en Suecia con su debida traducción y así llegar a los Ikea del mundo, o al menos de Europa o de España.

Ya lo tengo todo pensado, incluso el seudónimo que voy a usar, pues no tendría sentido que se exponga en Ikea un libro escrito en sueco por Leopoldo Flores. Así que después de mucho pensar e investigar, encontré que flores en sueco se dice blomma, así que pretendo firmar mi novela bajo el seudónimo de Leopold Blomma, un nombre muy parecido al mío y del que seguro nadie se dará cuenta, y aunque no sea un nombre completamente sueco, si es un nombre extranjero y además un nombre bastante literario, o al menos eso me parece, como todos los nombres extranjeros.

Como ya ven, esas son mis razones por las que quiero publicar este relato, para así poder lograr mi gran anhelo como escritor. Es eso todo lo que necesito, que mis libros estén expuestos en Ikea, porque no creo que puedan estar en un lugar mejor. Imagínense la cantidad de personas que se verán a sí mismos, en sus casas, decoradas con mis libros, viéndose tan bien, intactos, sin leerse, y sin la necesidad, ciertamente, de que alguien los lea. Imagínense a todas las personas viéndose leyendo mi libro en una casa exactamente igual a la que exponen en el Ikea, pero sabiendo que nunca podrán hacerlo. No creo, sinceramente que un libro pueda encontrar un lugar mejor, donde lo puedan admirar tantas personas, y al mismo tiempo sabiendo, que es quizás lo único que no puedan comprar, convirtiéndose en un objeto muy codiciado e inalcanzable, porque se me olvidó explicarles que solo busco editoriales pequeñas que no impriman muchas copias y que todas o bien sean donadas, o las compre Ikea para que así nadie lo pueda leer. Y se estarán preguntando cómo voy a lograr que eso suceda. No se preocupen, ya tengo los contactos indicados y he podido, a través de mucha investigación, conseguir el correo de las personas adecuadas para que tomen mi libro y lo expongan en las instalaciones de Ikea.

Mi amigo, entonces, me aconsejó que intentara primero publicar una página web personal donde comparta mis primeros relatos, me dijo que ahí podría encontrar otros lectores e incluso escritores que pudieran fijarse en mí y llegar a un acuerdo con alguna editorial española. Así que, ante mi ineficacia e ineptitud para escribir, decidí viajar a Madrid, a visitar a ese amigo que creo que sí sabe escribir y que se dedica a esto, para que me aconsejara y me ayudara a escribir un cuento lo verdaderamente bueno como para que lo publique, llame la atención y así algún editor pueda leerme y publicar mi novela, que aún no he escrito y que pienso, de igual forma, escribir con la ayuda de mi amigo. Este amigo que les comento, se llama Luigi Bosetti y aunque no ha publicado tampoco un libro propio, sí ha escrito libros para otras personas y publica cada domingo su newsletter llamado Punkt, y a diferencia de mí, él ya ha escrito una novela con bastante seriedad y con ambiciones totalmente distintas a las mías, o al menos eso creo y es lo que le dice a los demás. Al menos por cómo habla y cómo se viste parece ser un escritor de verdad, aunque puede que solo lo aparente.

Después de cuatro horas en tren, llegué a su casa y le conté la razón del por qué quería publicar una novela y por ende, primero, publicar un cuento en una newsletter. Al hacerlo no podía dejar de sorprenderse y de reír, y pensando que era una broma, tomó algunas cosas y me dijo que lo acompañara para cerciorarse de que lo que le contaba era cierto. Nos fuimos al metro e hicimos un viaje largo de casi una hora hasta que salimos frente a un gran centro comercial en el que pude ver, en lo más alto, el aviso azul y amarillo del Ikea. Me dijo que jamás en su vida se había fijado en los libros de exhibición del Ikea y que mucho menos había notado que solo tenían libros en sueco, así que quería ver por sí mismo que lo que le contaba era cierto. Imagínense ustedes mi decepción al saber que mi amigo escritor jamás se había fijado en los libros expuestos en Ikea. Pero lo animé a entrar y darse cuenta de que era totalmente cierto lo que le decía, y que además, mis intenciones eran realmente esas. Así que entramos rápidamente y nos dirigimos a la zona de exhibición en donde vimos de inmediato una de esas pequeñas casas tan bonitas como inhabitables de la tienda. Él ojeó todos los libros expuestos y se dio cuenta de que, efectivamente, todos eran libros suecos y algún libro en alemán que de seguro un trabajador incompetente habría confundido y lo habría colado allí.

Mi amigo, aún sorprendido y sin dejar de reír, me comentó que era una idea genial y de hecho me preguntó si podía él mismo escribir un cuento sobre lo que pretendía hacer, pero le dije que esa era precisamente mi intención y mi razón por la visita, pues mi imaginación no da para tanto como para tener que inventar personajes y situaciones que puedan ser lo suficientemente interesantes como para que alguien se fije en mi relato. Así que me invitó a comer, y a él, desgraciado escritor pobretón, le pareció conveniente y además muy literario que comiéramos en el restaurante del Ikea, pues según él, era lo que había que hacer si entrabas en uno, y además me dijo que era muy barato, siendo esta la verdadera razón. Así que mientras pedíamos todo lo que queríamos comer, y nos sentábamos en la mesa, le pregunté a mi amigo qué era lo más importante de la escritura de un cuento. Me comentó que una de las cosas más importantes de la escritura de un relato eran las dos primeras líneas, que tenían que causar un asombro y un interés tal que el lector quisiera seguir leyendo. Mientras mi amigo me daba ejemplos, que ya no recuerdo, mi estómago comenzó a rugir, me di cuenta de que algo me había caído mal, y de inmediato supe que no podía ser otra cosa mas que el codillo de cerdo que había elegido, pues era lo único que él no había pedido, y lo que me había recomendado. No había pasado ni un minuto cuando notó la gravedad del asunto y me preguntó si estaba bien al notar mi palidez más acentuada de lo normal. Le dije que me dolía mucho el estómago y que por favor nos fuéramos pues no soportaba los baños públicos. Sin embargo, no pude ni siquiera llegar a la estación del metro, ya que en medio de la calle, ante la mirada de todos los que iban y venían del centro comercial, comencé a vomitar como nunca antes lo había hecho.

Perdí todas mis fuerzas y sentía que ya casi no podía respirar y él, asustado junto contras personas que me veían con asco y con pena, llamó a una ambulancia que tardó una eternidad en llegar, mientras sentía que me moría. Finalmente, cuando llegó la ambulancia ya sin fuerzas, con un sabor agrio en mi boca totalmente reseca y sin poder levantarme me llevaron hasta el hospital más cercano. Mi amigo me acompañó en todo momento, mientras me preguntaba cómo me sentía y me pedía perdón por haberlo hecho comer allí. Yo solo podía negar con la cabeza, y darle una medio sonrisa para indicarle que no se preocupara, que todo estaba bien y que no era su culpa, aunque en el fondo pensaba que sí lo había sido.

Finalmente en el hospital, los doctores me dijeron que había sufrido una grave intoxicación y que tenía que quedarme varios días en observación, pues al parecer, por la agresividad de los síntomas, lo más probable era que me había intoxicado con una bacteria llamada Clostridium Botulinum, o algo así y que si bien las muertes por intoxicación alimentaria suelen ser excepcionales, con este tipo de bacteria podía ocurrir, pues después de las náuseas y del cansancio, podría generar también una parálisis respiratoria que terminaría con mi vida. Así que había hecho muy bien en ir al hospital lo antes posible para evitar que esto sucediera.

Después de unos días en el hospital de Madrid, en los que ya me encontraba mucho mejor, con apetito y color en el rostro, en los que mi amigo escritor estuvo muy pendiente de mí, supongo que porque se sentía culpable, él mismo me dijo que todo lo que me había pasado, junto con la idea principal que tenía del porqué quería publicar un libro, me podrían servir de tema para el relato, y con un montón de dudas, aún en la cama del hospital, comencé a escribir esto que me gustó llamar simplemente relato, porque a fin de cuentas es solo eso, un relato de cómo casi muero de una intoxicación en Madrid.

Y después de muchas dudas, y mucho reescribir, antes de publicarlo directamente en mi página web, he decidido enviárselo a mi amigo, esperando su opinión y con las ansias de saber que está en otros ojos el juicio de lo que uno ha llamado relato.