Logo de una marca con una letra "P" estilizada en color negro, representando una identidad visual moderna y minimalista.

Arreglo en blanco y negro

Dorothy Parker

Traducido por Luigi Bosetti

La mujer con las amapolas de terciopelo rosa en torno al oro asistido de sus cabellos atravesó la habitación repleta de gente con un andar peculiar, una combinación de saltitos que iba dando de lado hasta que logró aferrarse al brazo de su anfitrión.

—Al fin lo tengo —le dijo— ¡Ahora no se puede escapar!
—Oh, hola —le dijo su anfitrión— ¿Cómo está?
—Pues me encuentro finamente —le dijo— Así mismo, finamente. Mire, quiero que me haga un enorme favor, ¿podría? ¿Por favor? Se lo ruego.
—¿Qué favor? —le dijo su anfitrión.
—Mire —le dijo— quiero conocer a Walter Williams. En serio, me vuelve loca ese hombre. ¡Vaya! Cuando canta, cuando canta esos cantos espirituales. Hasta le dije a Burton, “qué suerte tienes de que Walter Williams sea de color”. Y le dije “porque si no tendrías muchas razones para estar celoso”. Me encantaría conocerlo, quisiera decirle que lo he escuchado cantar. Sería usted un ángel si me lo presentara.
—Pero por supuesto —le dijo su anfitrión. —Pensé que ya lo había conocido. La fiesta es para él. Por cierto, ¿dónde está?
—Allá está, cerca de la estantería de libros. —dijo. —Esperemos a que toda esa gente termine de hablar con él. Vaya, es usted de verdad una maravilla, mire que prepararle esta maravillosa fiesta y además presentarle a toda esta gente blanca. Me imagino que estará muy agradecido.
—Espero que no —le dijo su anfitrión.
—Pues me parece realmente magnífico —le dijo. —En serio, no veo por qué no sería algo perfectamente correcto conocer a gente de color. Yo no tengo ningún tipo de problema con respecto a eso, para nada. Burton, sin embargo, pues él piensa todo lo contrario. Ya ve, él es de Virginia y pues ya sabe cómo son allá.
—¿Vino con usted? —le preguntó su anfitrión.
—No, no pudo —le dijo. —Soy una vulgar viuda esta noche. Antes de irme le dije “no sé qué vaya a hacer”. Pero él estaba tan cansado que ni se podía mover. ¡Qué pena!
—Vaya —le dijo su anfitrión.
—No puedo esperar a decirle que conocí a Walter Williams —le dijo. —Se va a morir, nos la pasamos discutiendo sobre gente de color. Le hablo como si no supiera qué, me emociono tanto. “No seas tonto” le digo. Pero eso sí, Burton tiene una mente muchísimo más amplia que muchos de estos sureños. Él es realmente muy aficionado a la gente de color. Siempre dice que él jamás tendría sirvientes blancos. De hecho, tenía una cuidadora de color, la típica mamá negra, y él la adora. Cada vez que va a casa, se va directo a la cocina a verla. En serio, hasta hoy en día sigue haciéndolo. Él siempre lo dice. Lo único que dice es que él no tiene nada malo qué decir de la gente de color siempre y cuando sepan su lugar. Se la pasa haciendo cosas por ellos, les da ropa y no sé qué más. Lo único que dice es que él nunca se sentaría en la misma mesa que uno de ellos ni por un millón de dólares. ¡Bah! Siempre le digo que me enferma que hable así. Soy muy dura con él, ¿cierto?
—Oh, no, no, no —le dijo su anfitrión— para nada.
—Sí, lo soy —le dijo— Lo acepto. ¡Pobre Burton! Pero yo, en mi caso no pienso así, para nada. No tengo ni el más mínimo problema con la gente de color. De hecho, me fascinan algunos de ellos. Son como niños, tan fáciles de llevar y siempre cantando y riendo, así son. Son las cosas más felices que he visto en mi vida, ¿no cree? En serio, solo escucharlos me hace reír. De verdad, me caen muy bien. Por ejemplo, tengo esta ayudante de color que me lava la ropa, la he tenido por muchos años ya, le tengo devoción. Es todo un personaje. Y se lo digo, la considero mi amiga. Eso es lo que pienso de ella. Como le digo a Burton “¡Pero por Dios, todos somos seres humanos!” ¿No es cierto?
—Sí —le dijo su anfitrión— claro que sí.
—Ahora este Walter Williams —le dijo— Creo que ese hombre es un verdadero artista, en serio. Creo que de verdad merece mucho crédito. Dios mío, me vuelve loca la música o cualquier cosa, no me importa de qué color sea. Honestamente pienso que si una persona es una artista, nadie debería guardar ningún rencor para conocerlas. Se lo llevo diciendo a Burton, ¿está de acuerdo conmigo?
—Sí —le dijo su anfitrión— claro.
—Eso es lo que pienso —le dijo— No puedo entender a la gente con mentes tan cerradas. Es que es un absoluto privilegio conocer a un hombre como Walter Williams. En mi caso es así. No guardo ningún rencor, para nada. Es que de verdad, Dios lo creó, al igual que como nos hizo a usted o a mí, ¿no es así?
—Seguro —le dijo su anfitrión— Por supuesto.
—Es lo que siempre digo —le dijo— me enfurece cuando la gente es tan cerrada con la gente de color. No puedo evitar decir algo. Por supuesto, admito que cuando uno conoce a un hombre de color malo, pues son realmente terribles. Pero como le digo a Burton, también hay gente blanca mala en este mundo, ¿no lo cree?
—Supongo, sí. —le dijo su anfitrión.
—Vaya, es que me haría tan feliz que un hombre como Walter Williams viniera a cantar para nosotros en casa alguna vez. —le dijo. —Claro está que no puedo hablar por Burton, pero a mí me parecería de lo más normal. Es que ¡cómo canta! ¿No es maravilloso la forma en que todos ellos parecieran llevar la música por dentro? Pareciera que es lo de ellos. Vamos, acerquémonos y hablemos con él. ¿Qué debería hacer cuando me lo presente? ¿Le doy la mano, o qué?
—Pues, haga lo que le apetezca. —le dijo su anfitrión.
—Supongo que mejor sí —le dijo— No me gustaría por nada del mundo que pensara que tengo algún problema. Mejor le doy la mano, tal y como lo haría con cualquier persona. Sí, eso es lo que haré.
Se acercaron al joven negro, alto, de pie junto a la estantería de libros. El anfitrión los presentó; el negro inclinó un poco la cabeza.
—¿Cómo le va? —le dijo— Gran fiesta, ¿no es así?
La mujer con las amapolas de terciopelo rosa extendió la mano al largo de su brazo y la sostuvo allí, con una fina determinación, para que todos la vieran, hasta que el negro le dio la mano, le dio un apretón y se la entregó de vuelta.
—Oh, ¿cómo se encuentra, señor Williams? —le dijo— ¿cómo está? Justo estaba diciendo que me gusta muchísimo como canta, de verdad. He ido a sus conciertos y lo tenemos en nuestro fonógrafo y todo. De verdad, me encanta.
Habló con gran distinción, con un meticuloso movimiento de los labios, como si hablara con alguien que estuviera sordo.
—Me alegro mucho —dijo.
—Me fascina sobre todo ese “Niño del Agua” del que canta —le dijo. —En serio, no me lo puedo sacar de la cabeza. Estoy volviendo loco a mi marido, me la paso tarareándola todo el tiempo. Oh, está tan negro como el as de… ejem. Bueno, dígame, ¿de dónde saca usted todas esas canciones suyas? ¿Dónde se hace con ellas?
—Bueno, pues, —le dijo— hay tantas diferentes…
—Supongo que le fascina cantarlas —le dijo— Debe ser muy divertido. Todas esas viejas y encantadoras canciones espirituales —me encantan, de verdad. ¿Qué está haciendo ahora? ¿Sigue cantando? ¿Por qué no hace otro concierto un día de estos?
—Tengo uno el dieciséis de este mes —le dijo.
—Pues allí estaré —le dijo ella. —Allí estaré si puedo. Probablemente puede contar conmigo. Dios mío aquí viene un montón de gente para hablar con usted. Es usted un invitado de honor, de verdad. Vaya ¿quién es esa chica de blanco? La he visto en algún lugar.
—Esa es Katherine Burke —dijo el anfitrión.
—Dios mío —le dijo— ¿Esa es Katherine Burke? Vaya, se ve muy diferente de lo que se ve en el escenario. Creí que era mucho más guapa. No tenía idea de que fuera tan terriblemente oscura. Es que parece casi como si… ejem, pero es una actriz maravillosa, ¿no lo cree, señor Williams? Yo creo que es maravillosa, ¿no cree?
—Sí, claro. —le dijo.
—Yo también —le dijo— Es grandiosa. Vaya por Dios, le tenemos que dar la oportunidad a alguien más para que hable con el invitado de honor. Pero no se olvide, señor Williams. Estaré en el concierto, si puedo. Estaré allí aplaudiendo y todo. Y si no puedo ir, le diré a todos mis conocidos que vayan. En cualquier caso, no lo olvide.
—No lo haré —le dijo. —Muchas gracias.
El anfitrión la tomó de un brazo y la condujo firmemente hacia la otra habitación.
—Oh, querido —le dijo— Casi me muero, de verdad, le doy mi palabra, casi me da algo. ¿Escuchó esa pausa terrible que hice? Casi digo que Katherine Burke se veía como si fuese una negra. Pero justo me contuve a tiempo. ¿Cree que se dio cuenta?
—No lo creo —dijo su anfitrión.
—Pues gracias a Dios —dijo. —No me hubiese gustado haber avergonzado a ese joven. Es tan agradable. Tan agradable como puede. Buenos modales y todo. Sabe, tanta gente de color, uno les brinda la mano y le toman todo el brazo. Pero él no, no intentó nada. Bueno, supongo que él es más sensato. Es muy agradable, ¿no lo cree?
—Sí —le dijo su anfitrión.
—Me agrada —le dijo— No me importa nada que sea de color. Me sentí tan natural como si hubiese estado con cualquier persona. Hablé con él de forma natural y todo. Pero honestamente, me costó mucho no reírme. No podía dejar de pensar en Burton. Vaya, espere a que le cuente que le llamé “señor”.